El mejor perfume en un frasco de orina

El día que cobré mi primer sueldo en Londres, me di un homenaje.

Después de 30 días yendo y viniendo al trabajo en metro sin nada mejor que hacer que mirar los pasamanos, decidí comprarme el Kindle táctil que acababa de salir. Era 2014 y aquel cacharro era el no va más para leer ebooks.

Quería protegerlo, que no se arañara ni recibiera golpes. Así que también me hice con una funda. Empecé mirando las baratas, pero pronto las descarté porque había tenido una de esas chinorris que en 2 meses parecen un harapo. Me decidí por una de piel de color azul. 10 o 12 veces más cara que la funda del lejano oriente. De la propia casa. Chulísima. 6 años después, se ve como el primer día.

Hace unos días, Tatiana, mi esposa, recibió el iPhone 11 por su cumple. Y lo primero que hizo fue pedirle a su hermana pequeña que le comprara la funda y protector de pantalla que ella usaba para el suyo.

Llegaron ayer. 11,90 euros. Para ponerlas en un teléfono de 1.000 y pico pavos. La funda es de plástico transparentoso y hace que el móvil parezca uno de esos cacharros que utilizaban los cazafantasmas para detectar ectoplasmas.

“¿Vas a ponerle eso?”, le pregunte. Tatiana afirmó con una sonrisa.

“Pero si parece el aparato que usan los revisores de tren y los de la zona azul”. Ni modo. Estaba encantada con su compra.

Esto sucede mucho entre los negocios.

Comprar fundas y protectores de los chinos, no. El contraste de inversión:

Al frente del negocio hay un producto o servicio brutal, pero eso no se sabe comunicar para atraer clientes. Es normal que no se sepa. Eso no lo enseñan en la carrera.

Y la mayoría hacen como mi esposa:

Se monta una web bien chula, dejándose una pasta en el diseño y el desarrollo… y luego escriben unos textos como la funda del iPhone. Que oye, sí, hablan de lo que haces, pero no te dejan en muy buen lugar.

Con lo bien que está tener un mensaje que resista con mínimos cambios el paso del tiempo. Que responda a los miedos y objeciones de tus clientes de hoy, que son exactamente las mismas pegas y dudas de dentro de 6 años.

En lugar de invertir en eso, escatiman en los textos. Cuando son el elemento más importante para proteger la solvencia del negocio.

Invertir. No gastar. Unos buenos textos son una inversión. Te retornan.

Una web es un gasto. Bonita o fea. Se devalúa con el tiempo a medida que cambian las modas. Y sirve de poco si no te trae ventas.

Bueno. Yo no tengo el iPhone 11 ni una funda fea para protegerlo. Pero sí que sé cómo escribir textos en tu web y mails que son relevantes para tus clientes, que se leen y hacen que compren.

Es para los que quieren unos textos que funcionen hoy, mañana y pasado:

https://copyestrategico.com/lista-espera/

Si no tienes clara la diferencia entre gastar e invertir, quizá te parezca caro.

Como a quien guarda un buen perfume en un tarro de análisis de orina.

Que tengas un gran día.

Javi “textos que protegen tu negocio” Vicente.

PD: En el enlace, para darte preferencia cuando se libere un hueco en mi agenda. En unas semanas.