Lo que una striper me enseñó… de ventas

La mejor lección de ventas la aprendí de una striper.

 

Te voy a contar la historia. Es explícita.

 

No tiene Rock&Roll. Tampoco estupefacientes. Pero sí algo de lo otro. Vamos, que salen señoritas de afecto negociable.

 

Así que, si eres una persona que se ofende fácilmente, no tienes porqué preocuparte, eso es algo que a mí no me molesta.

 

Mira, cuando trabajaba en la universidad como investigador, a mis compañeros les dio por casarse.

 

No entre ellos. Cada uno con su pareja.

 

En el plazo de dos años acudí a 4 bodas. Y ningún funeral.

 

El caso es que para la despedida de la cuarta boda, se nos habían agotado las ideas. Y decidimos tirar de topicazo y acabar la noche en el club de alterne más grande de España.

 

Está muy cerca de Valencia. En El Romaní. O estaba. Creo que ahora lo han convertido en un geriátrico.

 

En cualquier caso.

 

Ahí estábamos, un puñado de frikis investigadores de piel blanca como la luna por la falta de contacto directo con la luz del día, entrando por la puerta de uno de los clubes de señoritas de moral distraída más grandes del planeta.

 

Pronto se corrió la voz.

 

Verás, yo no sé si has estado en uno de estos sitios, pero enseguida averiguan si estás solo para mirar o si vas a comprar.

 

Yo no tenía intención de comprar. Pero sí de observar.

 

Y observé dos cosas:

 

La primera es que en cuanto las chicas detectaban que no les seguías el juego, dejaban de molestarte.

 

Esa es ya una gran lección de ventas de por sí. Para ti. Te la regalo.

 

La otra cosa la descubrí mirando cómo bailaba una striper. Allí estaba, en el escenario, contorneándose y subiendo y bajando por una barra. Y el público delante enloquecido. Con los ojos casi fuera de las órbitas. Aullando como si nunca hubieran visto nada igual.

 

Era un espectáculo con una mecánica sencilla y fascinante:

 

¿Que le daban un billete? Se quitaba una prenda. Y el público entraba en frenesí.

 

¿Que no? Aumentaba la sensualidad de su baile. Y el público se volvía más loco aún. Y tarde o temprano caían más billetes para que siguiera con el espectáculo.

 

Cuanto menos ropa le quedaba, más billetes tenían que darle para que se la quitara.

 

¿Y qué pasó al final?

 

Pues que el púbico no entregó la cantidad por la que ella estaba dispuesta a quitarse el tanga. Y la canción acabó. Y ella se bajó del escenario con su tanga puesto y un montón de billetes.

 

Hubo algún abucheo. Pero se llevó un gran aplauso. Incluyendo el mío.

 

Aquella chica, con su comportamiento, demostró ser la persona con más integridad y dignidad de todos los que estábamos ahí.

 

Y me dio una de las mejores lecciones de negocios que me han enseñado jamás:

 

Muestra lo que tienes solo si te pagan por ello.

 

No money, no show.

 

Puede que esta historia te parezca una chorrada y prefieras aportar mucho valor en forma de horas de consultoría gratis o regalando tus cursos para sentirte mejor. Nada en contra.

 

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Escribo mails que se abren, se leen y producen ventas.

 

Y lo hago al estilo de la striper de mi historia. Enseñando lo justo y dejando a tu audiencia con tantas ganas de verlo todo que no les quedará otra que comprarte:

 

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Que pases un gran día.

 

Javi Vicente.

 

PD: Detalles en el enlace.